La interacción entre animales y sustancias psicoactivas no es un fenómeno exclusivo del ser humano, pues diversas especies muestran comportamientos similares. Desde los conocidos efectos que produce la hierba gatera en los gatos, hasta los delfines que aparentemente buscan euforia al jugar con peces globo que liberan tetrodotoxina, el reino animal también experimenta con sustancias. Los primates, por ejemplo, consumen alcohol de frutas fermentadas, respaldando la hipótesis del mono borracho que sugiere antecedentes evolutivos en el consumo de etanol. Además, animales como loros amazónicos ingieren arcilla para descontaminarse de alcaloides tóxicos presentes en su dieta. Este comportamiento de automedicación subraya que el consumo de sustancias en el mundo animal puede estar motivado tanto por supervivencia como por alteración de los estados de conciencia, revelando patrones de conducta que trascienden la esfera humana.
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