La reciente advertencia de Google sobre la soberanía digital europea ha encendido el debate en torno a la independencia tecnológica del bloque. Kent Walker, el principal responsable legal y de asuntos globales de la compañía, expresó su preocupación por el enfoque restrictivo de la Unión Europea, que busca disminuir su dependencia tecnológica externa al potenciar barreras regulatorias. Esta advertencia llega en un momento crucial, con Bruselas preparando un paquete de medidas para la soberanía tecnológica que se espera para la primavera de 2026. Al mismo tiempo, muchas instituciones públicas europeas están adoptando alternativas locales y software libre en un movimiento que es tanto político como económico.
Walker destacó una “paradoja competitiva”, mencionando que el deseo de Europa de fomentar el crecimiento y la productividad podría verse frenado si limita el acceso a tecnologías punteras. El mensaje es claro: buscar más resiliencia no debería interpretarse como un bloqueo a los proveedores tecnológicos globales.
Europa ha estado a la vanguardia en la regulación del ecosistema digital, con normativas como la Digital Markets Act (DMA) y la Digital Services Act (DSA), que han impuesto mayores exigencias a las grandes plataformas. Pero el debate ahora se centra en la infraestructura digital misma de Europa: la nube, los datos y el software esencial para su economía.
Las preocupaciones sobre la dependencia tecnológica se han intensificado en medio de un clima geopolítico tenso. Las administraciones públicas están reemplazando cada vez más las herramientas comerciales estadounidenses con alternativas europeas o de código abierto, destacando la seguridad y protección de datos.
La Comisión Europea ha subrayado los beneficios económicos del software abierto, destacando que en 2018 las empresas europeas invirtieron mil millones de euros en software de código abierto, lo que resultó en un impacto de 65.000 a 95.000 millones de euros en la economía del continente. Incrementar las contribuciones al código abierto podría traducirse en un aumento significativo del PIB y el impulso de nuevas startups tecnológicas.
Bruselas enfatiza no solo en «usar software local», sino en evitar la dependencia del proveedor y en conseguir una mayor autonomía digital. Sin embargo, Google propone una “soberanía digital abierta”, donde el control local de datos se combine con la adopción de tecnología global mediante alianzas internacionales. Este enfoque busca balancear entre mantener el control y no perder acceso a innovaciones tecnológicas cruciales para mantener la competitividad.
El consejero delegado de Capgemini, Aiman Ezzat, sugiere que la autonomía debe ser vista como un conjunto de capas; Europa podría ser más fuerte en algunas que en otras y las estrategias deben adaptarse a cada caso. Este modelo por capas complementa el complejo ecosistema de tecnología donde Europa, a pesar de buscar independencia, seguirá interactuando con infraestructuras globales.
La primavera de 2026 será crucial ya que la UE deberá definir su estrategia y sus prioridades en soberanía tecnológica a través de requisitos operativos, estándares de interoperabilidad y regulaciones para infraestructuras críticas. Sin embargo, el reto no es solo tecnológico, sino también de financiación y sostenibilidad del código abierto, que aunque es libre en licencia, requiere recursos para su mantenimiento y seguridad.
El momento es de decisiones estratégicas para Europa, mientras Google aboga por un equilibrio que permita innovar sin aislamiento. Las empresas, enfrentadas a estos cambios de política, buscan claridad en el modelo que asegure su capacidad de innovar y competir globalmente.








