Durante la posguerra en Castilla, la extracción de resina se consolidó como un oficio crucial para la economía local, principalmente en provincias como Segovia, Cuenca, Ávila y Valladolid. En este contexto de autarquía, el resinero desempeñó un papel vital al proveer materia prima esencial para diversas industrias como la farmacéutica y de barnices. La técnica predominante, conocida como el sistema Hugues, exigía largas jornadas de trabajo en los pinares, desde marzo hasta noviembre. La vida en el monte era austera y muchos resineros vivían allí durante extensas temporadas. Sin embargo, a partir de los años sesenta, el auge de los derivados del petróleo y el éxodo rural provocaron el declive de esta actividad. Aunque recientemente ha habido un resurgir por el interés en productos naturales, el sector sigue enfrentando dificultades económicas.
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