En un mundo donde el aprovechamiento del espacio es primordial, especialmente en hogares de dimensiones limitadas, Ana García, una apasionada del bricolaje, ha sorprendido a su comunidad al crear un innovador mueble de almacenamiento para colocar sobre su lavadora.
Movida por la necesidad de organizar su hogar de manera práctica y estética, Ana identificó el potencial desperdiciado en la parte superior de su lavadora. «Siempre sentí que esa zona era un caos, un lugar donde se acumulaban productos de limpieza y nunca se veía bien», comenta Ana, quien ha documentado su proceso en redes sociales.
El primer paso en su proyecto fue el diseño del mueble, considerando las medidas y el estilo del espacio. Optando por tableros de madera, un material que ella describe como versátil y sencillo de manejar, Ana explica: «La madera le da un toque cálido al ambiente y es fácil de personalizar». Con un boceto listo, acudió a la ferretería local para abastecerse de suministros.
De vuelta en casa, se dispuso a cortar y ensamblar las piezas con herramientas básicas como un taladro, una sierra y tornillos. «No soy una experta, pero siempre he disfrutado del bricolaje. Hay muchos tutoriales en línea que ayudan a cualquiera en este tipo de proyectos», añade. Tras horas de dedicación y paciencia, el mueble comenzó a materializarse.
El resultado es una estructura que no solo sirve para almacenar, sino que también se integra perfectamente con la decoración de su hogar. Ana ha incorporado estantes y cajones para organizar detergentes y otros productos, aplicando un acabado de pintura que armoniza con la habitación.
Este proyecto no solo ha mejorado la funcionalidad de su espacio, sino que también ha sido una inspiradora lección de autoconfianza y creatividad. «Cualquiera puede hacer algo similar. Solo se necesita un poco de ganas y disposición para aprender», asegura Ana, quien ha recibido numerosos elogios y consultas de amigos y seguidores interesados en replicar su idea.
Convertido en un símbolo de transformación personal y doméstica, el mueble de Ana demuestra que, con esfuerzo y creatividad, es posible transformar un rincón ignorado en un espacio atractivo y funcional.








