En mayo de 2020, voluntarios de Friends of Palm Beach descubrieron botellas cubiertas de crudo en las costas de Florida, a pesar de no haber derrames reportados en la zona. Las etiquetas en varios idiomas indicaban un origen lejano, y al compartir sus hallazgos en redes sociales, impulsaron una significativa investigación científica. Bryan James y Christopher Reddy, expertos en contaminación marina, propusieron que estos residuos de petróleo provenían del derrame de 2019 en Brasil, transportados por corrientes oceánicas durante más de 8.500 kilómetros. Al combinarse con plásticos, los residuos crearon una nueva forma de contaminación, llamada «petroplástico», que desafía el entendimiento actual de la contaminación marina. Este fenómeno revela la necesidad urgente de una vigilancia internacional más allá de los sitios de derrame inicial, ya que los residuos pueden viajar y emerger lejos de sus lugares de origen, exigiendo soluciones globales para un problema compartido.
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