La deforestación continúa siendo una amenaza grave para el medio ambiente global, con un impacto directo en el cambio climático y la biodiversidad. Los bosques actúan como sumideros de carbono, y su destrucción libera CO₂, incrementando el calentamiento global. Según la Evaluación de los Recursos Forestales Mundiales 2025 de la FAO, las tasas de deforestación han disminuido en años recientes, pero siguen siendo alarmantemente altas, con 10,9 millones de hectáreas anuales perdidas. Un estudio del Laboratorio de Ciencias del Clima y del Medio Ambiente resalta que las pequeñas talas —menores a dos hectáreas— son responsables de más de la mitad del carbono perdido en los bosques tropicales. Estas actividades humanas a pequeña escala, como la expansión agrícola y la urbanización, aún representan un desafío considerable. Además, los bosques tropicales húmedos, con alta capacidad de almacenamiento de carbono, enfrentan mayores presiones y no se regeneran fácilmente, subrayando la importancia de proteger incluso las áreas más pequeñas para mitigar el impacto ambiental.
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