Cristina Koch ha hecho historia al convertirse en la astronauta del programa Artemis II que, después de más de 50 años, ha regresado a orbitar la Luna. Durante su misión de 10 días, Koch y su tripulación experimentaron los efectos del entorno de microgravedad, lo que resalta las complejidades de la exploración espacial prolongada, como los cambios en el funcionamiento de los órganos vestibulares. Aunque no descendieron a la superficie lunar, la misión fue crucial para probar los sistemas de la nave espacial Orion y establecer un precedente para futuras exploraciones tripuladas al espacio profundo, incluyendo Marte. A su regreso, Koch ha compartido en sus redes sociales los desafíos físicos que enfrentó, subrayando la necesidad de una preparación exhaustiva para futuras misiones. La NASA, a través del programa Artemis, busca no solo descubrimientos científicos, sino también beneficios económicos y un puente hacia misiones más ambiciosas, impulsados por este vuelo de prueba que demostró las capacidades del Sistema de Lanzamiento Espacial y el comportamiento de Orion en el entorno espacial.
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