La infancia y la adolescencia son etapas críticas en el desarrollo psicológico y emocional, caracterizadas por un cerebro en maduración y una gran susceptibilidad a los estímulos del entorno. Actualmente, el uso de redes sociales se ha normalizado en la vida de muchos menores, provocando que expertos en psicología y psiquiatría insten a un análisis crítico sobre su impacto. Las redes tienen el potencial de influir en la construcción de la identidad y la autoestima de los jóvenes, así como en sus relaciones interpersonales. Estas plataformas pueden inducir una percepción distorsionada de la realidad al presentar imágenes idealizadas, generando vulnerabilidad emocional y complicando la autorregulación emocional. El efecto varía según la etapa de desarrollo, intensificándose en la adolescencia cuando la comparación social se vuelve más significativa. La exposición prolongada a estos estímulos suele desplazar actividades esenciales como el descanso y las interacciones reales, afectando negativamente el bienestar emocional de los menores. Los especialistas recomiendan observar el impacto emocional de las redes en los niños y adolescentes para prevenir posibles problemas derivados de su uso excesivo y fomentar el desarrollo de vínculos más profundos y seguros.
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