La ciudad argentina de Bahía Blanca enfrentó el pasado 7 de marzo una catástrofe climática sin precedentes desde 1956, cuando un torrencial aguacero descargó 300 milímetros de lluvia en solo ocho horas, equivalente a casi la mitad de las precipitaciones anuales usuales, dejando 16 fallecidos, al menos 1.400 desplazados y pérdidas materiales por 400 millones de dólares. Un análisis de World Weather Attribution sugiere que el cambio climático podría haber exacerbado las condiciones que propiciaron estas lluvias intensas, aunque la influencia precisa del calentamiento global en las precipitaciones sigue sin ser concluyente. El incidente subraya la necesidad de mejorar los sistemas de alerta temprana, ya que, aunque se emitieron advertencias meteorológicas, la coordinación con servicios de emergencia fue insuficiente. A la problemática se suma el desafío presupuestario del Servicio Meteorológico Nacional bajo el gobierno de Javier Milei, que ha enfrentado recortes financieros.
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