El consumo excesivo de azúcar en la infancia se ha convertido en un problema significativo, con consecuencias que pueden extenderse a lo largo de la vida, como obesidad, problemas dentales y alteraciones metabólicas. La Organización Mundial de la Salud recomienda que el azúcar no supere el 10% de la ingesta calórica diaria de los niños, idealmente menos del 5%. Sin embargo, muchos niños superan este límite debido a la presencia de azúcar en alimentos procesados y bebidas azucaradas. Este hábito alimentario no solo incrementa el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas en la adultez, como diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares, sino que también puede afectar el desarrollo cognitivo. Los expertos sugieren la educación nutricional en familias y escuelas, una revisión de las políticas públicas para regular la publicidad de comida poco saludable, y promover alternativas como frutas y agua para reducir el azúcar en la dieta infantil.
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