Los recientes terremotos que golpearon a Venezuela el 24 de junio han exacerbado las debilidades de un sistema de salud ya frágil debido a años de restricciones, la escasez de insumos y la continua migración de profesionales del sector. Esta alarmante situación ha sido destacada por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en una conferencia de prensa reciente.
Ciro Ugarte, director de Emergencias en Salud de la OPS, subrayó que, aunque la avalancha inicial de casos de trauma ha empezado a estabilizarse, todavía queda un largo camino por recorrer. La emergencia sanitaria está lejos de finalizar. «Nos encontramos en una fase crítica donde es esencial estabilizar los servicios, asegurar la continuidad de la atención y avanzar en la recuperación, mientras se evitan brotes y se atienden a los pacientes afectados.», manifestó Ugarte.
El impacto en la infraestructura sanitaria del país es alarmante. Tres hospitales fueron evacuados debido a daños estructurales, y otros 24 han visto su funcionamiento afectado temporalmente, aunque algunos ya han podido reanudar ciertos servicios. Por otro lado, 20 centros ambulatorios y más de 100 unidades comunitarias de atención primaria están en situaciones comprometidas, 20 de ellas severamente afectadas. Tras los terremotos, varios hospitales experimentaron una significativa sobrecarga, atendiendo a un número de pacientes que cuadruplica su capacidad esperada.
Para paliar esta crisis, la OPS ha desplegado equipos médicos internacionales y ha enviado seis toneladas métricas de suministros de emergencia desde su reserva estratégica en Panamá. Actualmente, 12 equipos médicos de crisis están operativos en el país, y algunos dejarán parte de su equipo para apoyar la recuperación de los servicios sanitarios.
La tragedia también ha desplazado a más de 17,000 personas, muchas de las cuales ahora residen en campamentos temporales en condiciones precarias que aumentan el riesgo de enfermedades. Jarbas Barbosa, director de la OPS, resaltó que los mayores peligros para la salud tras un desastre no radican solo en los decesos, sino también en la interrupción de servicios sanitarios, el hacinamiento y la falta de acceso a agua potable.
La situación de vacunación es crítica, ya que Venezuela presentaba coberturas insuficientes antes de los sismos. En los campamentos temporales donde se agrupan niños, el riesgo de brotes de enfermedades infecciosas como el sarampión y la tos ferina podría elevarse peligrosamente. Se estima que el país requiere alrededor de 50 millones de dólares anuales para sostener su programa nacional de vacunación.
Además de las necesidades inmediatas, la OPS ha enfatizado la importancia de abordar la salud mental de los afectados. La pérdida de familias y hogares ha dejado una huella emocional, y los trabajadores de la salud también han enfrentado su parte de tragedia. «Atender las lesiones físicas no es suficiente. El impacto emocional y psicológico de esta crisis debe ser considerado.», afirmó Barbosa.
A pesar de los esfuerzos, la OPS ha hecho un llamado urgente a la comunidad internacional buscando recaudar 24 millones de dólares para satisfacer necesidades imprevistas hasta finales de año. Hasta ahora, solo se han movilizado 9 millones de dólares, y los fondos son críticos para el despliegue de personal, el envío de medicamentos y el apoyo a la vigilancia epidemiológica, entre otros.
El manejo de los fallecidos también se ha convertido en una prioridad. La OPS está colaborando con las autoridades forenses y el Comité Internacional de la Cruz Roja para asegurar un manejo digno y seguro de quienes perdieron la vida en este desastre.
Finalmente, la OPS ha advertido que la recuperación no debe limitarse a retornar a la situación previa a los terremotos, sino que debe servir como una oportunidad para fortalecer y preparar mejor los servicios de salud de cara a futuros desafíos.



