Gianni Infantino, presidente de la FIFA, asistió al partido de octavos de final entre Estados Unidos y Bélgica en el Seattle Stadium, en un contexto marcado por la controversia tras la decisión del organismo de anular la tarjeta roja del jugador estadounidense Balogun, permitiéndole jugar. La medida, considerada por muchos como una injerencia política tras una supuesta conexión con una llamada de Donald Trump, generó críticas en el ámbito deportivo. En respuesta, Infantino defendió la acción señalando su similitud con prácticas comunes en ligas europeas. A pesar de las críticas, Infantino afirmó su respeto por las instituciones independientes y el estado de derecho, mientras continúa visitando sedes y presenciando partidos durante el torneo.
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