En 2019, un estudio dirigido por Thomas Crowther de la Universidad Estatal de Zúrich destacó el potencial de plantar 1,2 billones de árboles para absorber hasta dos tercios de las emisiones de carbono históricas. Sin embargo, durante la COP28, Crowther y otros expertos advirtieron sobre los riesgos de usar la reforestación masiva como excusa para eludir la reducción real de emisiones, una práctica calificada como «greenwashing». La implantación indiscriminada puede afectar ecosistemas existentes, carecer de sostenibilidad a largo plazo y, en ciertas latitudes, incluso aumentar las temperaturas locales. Ejemplos como la Gran Muralla Verde de África contrastan con fallas como las de China y Uganda, donde la reforestación ha perjudicado el medio ambiente. Los expertos señalan que una reforestación responsable debe priorizar la biodiversidad y el bienestar comunitario, y que la atención debe centrarse en reducir emisiones mediante energías limpias y eficiencia energética para enfrentarse al cambio climático de manera efectiva.
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