Durante la madrugada del sábado al domingo, España ajustará sus relojes al horario de verano, adelantándolos una hora, como se ha hecho durante 52 años. Este cambio, aunque preferido por el 66% de la población, es cuestionado por expertos en sueño que abogan por mantener el horario de invierno por sus beneficios para la salud. Este ajuste podría desestabilizar el ritmo circadiano, afectando especialmente a niños y adultos mayores debido a los cambios en la exposición a la luz solar. A pesar de que el presidente Pedro Sánchez propuso eliminar el cambio horario para 2026, la falta de consenso europeo ha impedido avanzar en la cuestión. La práctica, iniciada en 1974 durante la crisis energética, seguirá vigente al menos hasta 2031, según la planificación de la Comisión Europea.
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