El mercado de la tecnología está experimentando ajustes significativos debido a la creciente demanda de infraestructura para la inteligencia artificial (IA). Mientras que las unidades de procesamiento gráfico (GPU) han sido el foco predominante en el soporte a aplicaciones de IA, una nueva preocupación emerge en torno a las unidades centrales de procesamiento (CPU) de servidor, esenciales para el cómputo tradicional en centros de datos.
En China, un mercado donde la tecnología se mueve a ritmo acelerado, Intel ha advertido a sus clientes sobre posibles retrasos de hasta seis meses en la entrega de ciertas CPU Xeon de cuarta y quinta generación. Por otro lado, AMD enfrenta demoras de entre ocho y diez semanas en la entrega de algunos modelos EPYC. Estas dilaciones son disruptivas en un sector acostumbrado a la planificación trimestral, complicando presupuestos y ejecución de contratos.
El incremento en la demanda de CPU se debe a la necesidad de un ecosistema completo que soporte la IA, que incluye orquestación, almacenamiento, servicios de datos y más. Además, la emergencia de sistemas de IA agéntica, que ejecutan tareas complejas, está intensificando la necesidad de CPU, que siguen siendo vitales para operaciones empresariales críticas.
A medida que el suministro de CPU se ajusta, los precios comienzan a mostrar inestabilidad. En China, ya se han detectado incrementos superiores al 10% en algunos procesadores que presentan problemas de disponibilidad. Intel ha empezado a racionar entregas, y AMD también refleja tensión en una cadena de suministro que no se preparó para esta rápida demanda.
La escasez y el encarecimiento no solo afectan a los precios de las CPU, también repercuten en componentes críticos como la memoria. Las empresas proveedoras han comenzado a emplear contratos más cortos y dinámicos, asegurando flexibilidad en un mercado volátil. Todo esto obliga a los departamentos de compras a reevaluar sus estrategias, priorizando la flexibilidad y la planificación anticipada.
China, un mercado crucial para Intel y otros proveedores, actúa como un termómetro del sector, donde la urgencia por escalar la infraestructura de IA es evidente. La redistribución del mercado entre Intel y AMD, en un momento en que la demanda global incrementa, convierte cualquier desajuste en capacidad en un cuello de botella significativo.
De cara al futuro, se prevé que para el año 2026 la industria pase de una estrategia de «just in time» a una de «just in case», anticipando compras y asegurando suministros con contratos menos favorables pero más seguros. En un contexto donde el tiempo es crítico, cualquier retraso en el despliegue de capacidades podría resultar costoso, resaltando la importancia de una planificación más robusta y adaptable en la infraestructura de IA, la cual ya no solo se medirá en GPU, sino en la consolidación de todas sus piezas clave.






