En un sorprendente giro político en Venezuela, las fuerzas de inteligencia del gobierno chavista y el FBI de Estados Unidos colaboraron en la detención de Alex Saab y Raúl Gorrín, ambos estrechamente vinculados al régimen de Nicolás Maduro, por cargos de lavado de dinero en EE.UU. Esta cooperación es reflejo de cómo Delcy Rodríguez, sucesora de Maduro tras su captura, ha estado trabajando con el gobierno estadounidense desde enero, a pesar de mantener una fachada bolivariana públicamente. Saab, quien había sido protegido por Maduro y estaba involucrado en esquemas de importación y venta de petróleo, y Gorrín, empresario sancionado por corrupción, son ahora foco de una administración venezolana que parece reorientar su lealtad hacia Washington. Este cambio también ha influido en Cuba, que depende del petróleo venezolano, incitándola a buscar un eventual diálogo con Estados Unidos para beneficio mutuo.
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