Circular con el intercooler roto es técnicamente posible, pero no recomendable debido a las serias consecuencias para el vehículo. Cuando el intercooler presenta daños, el aire que proviene del turbo no se enfría correctamente, lo que ocasiona una pérdida de potencia, un aumento en el consumo de combustible y temperaturas elevadas en el motor. Estos problemas pueden derivar en fallos en el turbo y aumentar el riesgo de averías más graves. Por lo tanto, es aconsejable reparar el intercooler en un taller de confianza para evitar daños significativos al motor y otros componentes del coche.
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