En un movimiento significativo en el panorama industrial global, India ha dado un paso adelante al aprobar un ambicioso paquete de proyectos valorado en 418.630 millones de rupias, equivalentes a unos 4.640 millones de dólares, destinado a la fabricación de componentes electrónicos. Este nuevo impulso no solo busca reforzar la producción local, sino también reducir la dependencia de importaciones en un sector de creciente relevancia estratégica.
La aprobación de este paquete llega en un contexto donde numerosas multinacionales han estado buscando diversificar sus cadenas de suministro bajo la estrategia «China+1», que consiste en mantener parte de la producción en China mientras se desarrollan capacidades en otros países para mitigar riesgos. India se perfila como un candidato principal, gracias a su tamaño, población, costos laborales y ambición industrial.
El foco del plan no es simplemente ser una fábrica de ensamblaje, sino subir en la cadena de valor. Los proyectos, enmarcados dentro del Electronics Component Manufacturing Scheme (ECMS), contemplan la fabricación de piezas como carcasas para móviles y subconjuntos de cámara. Se espera que estas iniciativas, distribuidas en ocho estados del país, generen una producción de componentes valorada en 2,58 billones de rupias (28.620 millones de dólares) y creen aproximadamente 34.000 empleos directos.
El proyecto tiene el respaldo de gigantes globales como Samsung, Foxconn y Tata Electronics, lo que refuerza la intención de India de no ser solo un país de mano de obra, sino también un polo donde los proveedores de primer y segundo nivel puedan asentarse, reduciendo tiempos e incertidumbres logísticas.
El contexto internacional también incentiva este movimiento. Estados Unidos ha implementado controles más estrictos en la exportación de tecnologías avanzadas a China, incrementando la presión sobre la industria tecnológica global. Este cambio de dinámica y la aparición de políticas comerciales más agresivas han llevado a las empresas a distribuir su producción más allá de China.
El caso de Apple es particularmente ilustrativo. La empresa ha iniciado un cambio notable hacia India, planeando que hacia finales de 2026 se fabrique en este país la mayoría de los iPhone destinados al mercado estadounidense, como una forma de disminuir su exposición a China.
El plan de India es ambicioso y busca no solo aumentar la producción local, sino también captar el «valor que no se ve», es decir, los componentes esenciales y de alta precisión dentro del sector electrónico. Sin embargo, el desafío no es menor. India deberá enfrentar retos significativos, como mejorar su infraestructura, coordinar regulaciones entre estados, y formar talento especializado.
Más que replicar el «modelo China», India busca encontrar su propio lugar en la cadena de valor global. La pregunta clave es en qué partes de esta cadena puede India destacarse como líder. La respuesta parece inclinarse hacia los componentes claves en la electrónica de consumo, un sector en el que el país está decidido a ganar relevancia.
La meta final es clara: no solo aumentar las exportaciones y crear empleos, sino también fortalecer el ecosistema industrial del país, convirtiendo la manufactura tecnológica en uno de los motores de crecimiento económico sostenible. Sin embargo, el éxito dependerá de la ejecución eficaz de estos proyectos, garantizando calidad y cumpliendo con los plazos establecidos para atraer más inversiones y consolidar su posición en el mercado global. Si tiene éxito, India no solo será un actor clave en el mapa de la electrónica mundial, sino una fuerza a tener en cuenta en la nueva dinámica industrial global.








