Irán enfrenta un momento crítico al cumplir casi una semana desconectada del mundo y con tres semanas de protestas que han dejado miles de muertos, según cifras oficiales y de ONG. En este contexto, el presidente Donald Trump baraja opciones de intervención que oscilan entre militares y cibernéticas, mientras presiona con sanciones arancelarias contra naciones que comercien con Irán. A pesar de la insistencia en la diplomacia, Washington considera medidas más directas para apoyar a los manifestantes sin deslegitimarlos y evitar un conflicto regional a gran escala. Irán, debilitado tras recientes enfrentamientos y alianzas erosionadas, advierte estar preparado para responder a un potencial ataque de Estados Unidos, que contempla desde pequeños objetivos militares hasta operaciones cibernéticas como parte de su estrategia. Mientras tanto, el régimen iraní intensifica la represión interna con detenciones masivas, enfrentando la disonancia de presiones internas y externas, y el peligro latente de represalias en medio de una escalada internacional.
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