La guerra iniciada el 28 de febrero entre Estados Unidos, Israel e Irán ha entrado en una fase crítica con bombardeos continuos y un número creciente de víctimas. La ofensiva israelí en Líbano contra Hezbolá ha dejado cientos de muertos y más de un millón de desplazados, mientras el estrecho de Ormuz sigue bloqueado, aumentando la tensión en los mercados energéticos. El conflicto ha provocado reacciones internacionales; Rusia y China instan al diálogo, y Estados Unidos advierte con mayores acciones si Irán no retira el bloqueo del estratégico paso marítimo. La incertidumbre global también impacta las bolsas y los mercados de materias primas, acentuando una crisis energética que amenaza con consecuencias globales.
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