La escalada de la guerra entre Irán e Israel ha visto un despliegue significativo del arsenal balístico iraní, con la utilización del misil Sejjil-2 por parte de la Guardia Revolucionaria. Este misil de combustible sólido, apodado el «misil bailarín», debido a su capacidad para evadir sistemas de defensa aérea, fue empleado contra objetivos estratégicos israelíes en la operación Promesa Verdadera 4. Con un alcance de hasta 2,200 kilómetros, el Sejjil representa un avance tecnológico crucial para Irán y destaca su habilidad en la fabricación de misiles de alcance medio. Este desarrollo tecnológico, traducido en un misil más difícil de detectar y lanza rápidamente, fortalece la percepción de la capacidad disuasoria de Irán, en un contexto donde tanto la percepción como el daño real influyen en el equilibrio de poder regional y global.
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