El reciente ataque con misiles por parte de Irán a la Ras Laffan Industrial City en Qatar, el mayor complejo de exportación de gas natural licuado (GNL) del mundo, ha desatado una crisis energética de alcance internacional. Este ataque ha dañado significativamente infraestructuras clave, reduciendo en un 17% la capacidad de producción de GNL del país, con reparaciones que podrían prolongarse entre tres y cinco años. La situación obliga a QatarEnergy a declarar «fuerza mayor» en contratos de largo plazo con varios países. Este incidente, que ocurre en plena subida del precio del petróleo, destaca un cambio estratégico al convertir infraestructuras energéticas en blancos directos, sugiriendo una potencial guerra energética de amplia repercusión, especialmente en un contexto global donde la dependencia del GNL es creciente.
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