Irán enfrenta una nueva oleada de protestas que comenzaron hace una semana, con comerciantes al frente, impulsadas por la crítica situación económica, marcada por la depreciación del rial y elevada inflación. Aunque el malestar económico es el detonante, las manifestaciones reflejan también un prolongado descontento político con el régimen. La situación se complica con las amenazas del presidente estadounidense Donald Trump, quien ha advertido sobre un posible apoyo a los manifestantes, lo que podría intensificar la respuesta interna del gobierno iraní. Históricamente, el gobierno ha respondido con represión y, aunque existe un apoyo social amplio para los manifestantes, la ausencia de fisuras en el Estado y una movilización generalizada entre todas las clases sociales limitan las posibilidades de un cambio de régimen. Analistas aseguran que el escenario resulta en una combinación de represión interna y creciente tensión externa.
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