Irán ha intensificado la represión de las protestas que estallaron a finales de diciembre, imponiendo cortes de comunicaciones y aumentando la presión sobre los manifestantes con amenazas de castigos severos. El Gobierno iraní ha trasladado la situación al ámbito internacional, acusando a Estados Unidos e Israel de fomentar la inestabilidad en el país mediante una carta a la ONU. Las tensiones han escalado con la reacción diplomática de la Unión Europea, que ha expresado su apoyo a los manifestantes, mientras que Estados Unidos ha emitido advertencias hacia las autoridades iraníes. En medio de la movilización, los hospitales en Irán enfrentan una saturación debido al número creciente de heridos, complicando aún más una situación marcada por el apagón informativo y las restricciones a los medios internacionales.
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