Irán ha intensificado la tensión en los mercados energéticos y geopolíticos con recientes ataques a seis barcos en el golfo Pérsico, en respuesta a la ofensiva militar conjunta de Estados Unidos e Israel. El nuevo líder supremo iraní, Mojtaba Jameneí, ha instado a mantener el cierre del estrecho de Ormuz, clave para el flujo mundial de petróleo, consolidando la estrategia iraní de guerra híbrida. Con un coste económico significativo para EE.UU., y el barril de crudo superando los 100 dólares, las hostilidades han dejado ya más de 2.000 víctimas. Mientras, Donald Trump ha minimizado la gravedad del conflicto, sugiriendo beneficios para EE.UU. por el alza del petróleo, a pesar de los informes de inteligencia que señalan la estabilidad del régimen iraní. La compleja situación, que involucra amenazas nucleares y misiles, presenta desafíos para Washington y sus aliados, sin una solución clara a la vista.
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