El 28 de febrero de 2026, un ataque conjunto entre Israel y Estados Unidos sorprendió al mundo al dirigirse contra Irán, con el objetivo de provocar un cambio de régimen. Los ataques, dirigidos a funcionarios clave y sitios estratégicos de Irán, incluyeron el asesinato del Líder Supremo, Alí Jamenei, marcando el mayor despliegue militar de EE.UU. en Oriente Próximo desde 2003. En tan solo cuatro días, la ofensiva ya ha provocado cerca de 800 muertes y la destrucción de importantes infraestructuras iraníes, incluyendo hospitales y plantas nucleares. La respuesta de Irán no se hizo esperar, lanzando misiles y drones contra Israel y bases estadounidenses en Oriente Próximo, lo que ha escalado el conflicto hacia países vecinos como Líbano y los Emiratos Árabes Unidos. Además, Irán ha cerrado el estratégico Estrecho de Ormuz, afectando el tráfico mundial de petróleo. En un efecto dominó, las tensiones también se extendieron a otros países de la región, como Arabia Saudí, Catar y Bahréin, suscitando una respuesta internacional preocupada por la estabilidad regional.
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