Irán, poseedor de uno de los mayores arsenales de misiles balísticos en Oriente Próximo, ha sido centro de tensiones tras mejorar significativamente la precisión de sus proyectiles en la última década. Occidente, y en particular Israel, considera este arsenal una amenaza inminente, pese a que Irán aún no cuenta con armas nucleares ni misiles intercontinentales que alcancen Estados Unidos. Recentes bombardeos israelíes destruyeron parte del equipo de lanzamiento iraní, intensificando un conflicto que ha visto a Irán responder mediante ataques con misiles en Medio Oriente, afectando a bases militares estadounidenses. En medio de los bombardeos, las «ciudades de misiles» subterráneas de Irán, diseñadas para proteger sus proyectiles, se han convertido en objetivos clave para Israel y Estados Unidos. El asesinato del líder supremo iraní, Ali Jameneí, ha agravado la situación, desatando una «guerra de salvas» marcada por el intercambio constante de misiles. La eficacia de este enfrentamiento bélico dependerá esencialmente de las capacidades de inteligencia para identificar y neutralizar las bases subterráneas iraníes, lo que definiría el desenlace del actual clima de hostilidades en el Golfo Pérsico.
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