La reciente ofensiva de Israel contra el yacimiento de gas South Pars, compartido entre Irán y Qatar, marca un nuevo y complejo capítulo en las tensiones de Oriente Próximo. Este ataque no solo acentúa la exposición de la infraestructura energética global al conflicto, sino que también desvela discrepancias estratégicas entre Estados Unidos e Israel. Mientras Washington busca debilitar a Irán sin tocar su infraestructura civil, Israel apunta al colapso total del Estado iraní, aumentando así las fricciones con las monarquías del Golfo y la administración estadounidense. La situación ya ha generado represalias por parte de Teherán, lo que podría alterar el delicado equilibrio de la región y las relaciones internacionales, además de inflacionar los mercados energéticos. La relación entre Trump y los aliados del Golfo se enfrenta a un escrutinio creciente, ya que las economías del Golfo temen las consecuencias de este enfrentamiento.
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