En el Inalpi Arena, tras la actuación de Gianni Morandi, la atención se centra en la final tenística dominical. El recinto, iluminado con los colores de la bandera italiana, resuena con el himno nacional, generando un ambiente de fervor patrio. Jannik Sinner, el héroe local, es ovacionado por la multitud que corea su nombre al pisar la pista. Por otro lado, Carlos Alcaraz, aunque con menor apoyo, recibe el respeto del público, sin abucheos ni malas palabras, y es alentado por algunos seguidores que rompen la hegemonía de los cánticos italianos con un estruendoso «Vamos, Carlitos».
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