El panorama en el recinto presenta un desolador silencio, con un vacío evidente y ausencia de cualquier actividad. Las caravanas permanecen firmemente cerradas y las terrazas de las viviendas carecen de la habitual vitalidad que aportan los niños jugando o los grupos de amigos inmersos en animadas conversaciones. Este ambiente inusual destaca la ausencia de vida y movimiento en lo que normalmente sería un espacio repleto de energía y comunidad.
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