La última película sobre la vida de una destacada fotógrafa resulta ser un intento fallido de narración cinematográfica, caracterizada por un estilo excesivo y pesado que no logra conectar con el público. A pesar de la evidente intención artística del proyecto, el único elemento rescatable es la actuación de su protagonista, cuya interpretación sobresale en medio de un guion que no hace justicia a la figura central de la historia. La producción se queda corta al intentar capturar la esencia y las complejidades de la vida de la fotógrafa, dejando al espectador con una sensación de insatisfacción y ausencia de profundidad emotiva.
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