El reciente congelamiento de parte de la producción de gas natural licuado (GNL) en Estados Unidos debido a bajas temperaturas ha perturbado el flujo de exportaciones hacia la Unión Europea, generando un alza en los precios del mercado del combustible. Este suceso ha puesto de manifiesto una realidad incómoda para los consumidores europeos: el coste del gas en Europa ya no se decide localmente, sino que está siendo influenciado directamente por las condiciones y decisiones en Washington. Esta dependencia energética crítica ilumina las vulnerabilidades en la seguridad energética del continente y plantea desafíos significativos para su economía.
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