La contaminación acústica generada por el tráfico marítimo está alterando gravemente a la fauna marina, especialmente a las ballenas, que luchan por comunicarse en un océano cada vez más ruidoso. En el Estrecho de Gibraltar, estos cetáceos apenas logran superar la mitad del ruido de los barcos, lo que impacta negativamente en su comportamiento y reproducción, al huir hacia zonas menos ricas en alimento. El origen de más del 50% del ruido submarino humano es el transporte marítimo comercial. En respuesta, una encuesta realizada en febrero de 2026 por IFAW e Ipsos bva destaca que el 89% de los europeos pide abordar urgentemente el problema, y el 84% respalda medidas como reducir la velocidad de los buques, pese a los posibles costos añadidos en envío y entregas. Este estudio se presenta cuando el debate sobre la regulación del ruido submarino gana terreno en las instituciones europeas.
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