En el mundo gastronómico, ciertos pescados, a pesar de su calidad, son menospreciados debido a mitos o desconocimiento. Un ejemplo es el pez araña, rechazado por pescadores del Mediterráneo y Cantábrico por sus espinas venenosas. Sin embargo, su carne es comparable al mero, siendo blanca, firme y segura al cocinarla, ya que el veneno se destruye con el calor. Antes de prepararlo, es crucial retirar las espinas para evitar pinchazos, pero una vez limpio, su versatilidad y sabor lo convierten en un manjar gourmet. Preparado al estilo andaluz, su carne firme y sabor que recuerda al cabracho lo revalorizan en la cocina.
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