En Europa, una alarmante ola de atentados en febrero de 2025 ha evidenciado el creciente peligro del extremismo islamista, con ataques mortales y arrestos relacionados. La amenaza se ha amplificado por la propaganda del Estado Islámico en redes sociales, instando a acciones individuales como embestidas vehiculares en ciudades como Múnich y ataques con cuchillos en países como Austria y Francia. Este nuevo terrorismo, más descentralizado, utiliza plataformas digitales para radicalizar y coordinar ataques, eludiendo las tradicionales estructuras organizadas. Regiones como el Sahel han alimentado esta violencia, sirviendo como epicentro de radicalización y entrenando a individuos que luego actúan de manera autónoma en Europa. Paralelamente, España enfrenta su mayor número de detenciones por yihadismo, reflejando un rejuvenecimiento preocupante del fenómeno. Las fuerzas de seguridad intensifican la vigilancia y cooperación para enfrentar tanto el terrorismo externo como la radicalización interna, exacerbada por la propaganda extremista. Estos desafíos subrayan la necesidad constante de respuestas eficientes a una amenaza en evolución.
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