Un reciente estudio ha revelado que los niños menores de seis años enfrentan dificultades significativas para interpretar correctamente las señales emocionales de los perros, a menudo confundiendo expresiones agresivas con actitudes amistosas. Esta incapacidad se debe en parte a que los niños tienden a proyectar en los perros expresiones humanas conocidas, lo cual puede ser peligroso, especialmente en situaciones que involucran dientes expuestos vistos como sonrisas. La investigación, liderada por Heini Törnqvist, incluyó más de 90 participantes y mostró que si bien los niños pueden identificar emociones en rostros humanos desde temprana edad, su comprensión del lenguaje canino es limitada. Incluso aquellos con experiencia con perros no están exentos de errores antes de cierta edad. Estos hallazgos subrayan la importancia de la supervisión constante entre niños pequeños y perros, no por un temor infundado hacia los animales, sino por la limitada percepción cognitiva de los menores, quienes son el grupo más vulnerable a sufrir incidentes como mordeduras en contextos familiares.
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