Los habitantes de «El Paraje» en Tultitlán, Estado de México, amanecieron un día con sus calles rebautizadas bajo nombres que, irónicamente, prometían una transformación que nunca llegó. El municipio justificó el cambio como un esfuerzo por regularizar los terrenos de la colonia, que tiene un pasado ejidal y una ocupación mayoritariamente irregular. Sin embargo, los vecinos, nunca consultados, protestaron y lograron detener temporalmente la medida mediante un amparo concedido por un juzgado. A pesar de la pausa, el malestar continúa, alimentado por la falta de comunicación y consulta por parte de las autoridades. Mientras los letreros oficiales han sido retirados, los problemas prácticos, como el pago de servicios con los antiguos nombres, empiezan a surgir, dejando a la comunidad en un limbo entre lo prometido y la realidad. La situación resalta las tensiones entre los deseos de una administración de transformar y el escepticismo de ciudadanos que experimentan poco cambio tangible.
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