Giorgia Meloni ha sufrido un duro revés en Italia tras la derrota en el referéndum para reformar la magistratura, un claro mensaje de la desconfianza ciudadana hacia su gobierno. Los votantes jóvenes, especialmente en el sur del país, demostraron su rechazo, posiblemente motivado por el temor a una posible deriva autoritaria, alineada con figuras como Trump y Orbán. El rechazo fue notorio incluso entre los simpatizantes de derecha, reflejando una fuga significativa de votos en aliados como la Liga y Forza Italia. La propuesta de Meloni, que pretendía cambiar aspectos fundamentales de la Constitución, fue vista como un intento de concentrar el poder ejecutivo, generando alarma entre los votantes. Además, el escándalo que involucró al viceministro de Justicia, Andrea Delmastro, y sus vínculos con la mafia, acentuó la percepción de una clase política alejada de las prioridades ciudadanas como la sanidad y la educación. El fracaso de Meloni en este intento de reforma representa no solo una pérdida política inmediata, sino una advertencia para futuras reformas estructurales en el escenario político italiano.
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