El actual presidente de Estados Unidos ha implementado una estrategia de gestión gubernamental que se caracteriza por su imprevisibilidad, dejando atrás prácticas basadas en la razón o en una ideología clara. Su enfoque se centra en mantener una tensión constante mediante la insinuación de cruzar límites que otros líderes no se atreverían a desafiar. Esta táctica ha generado incertidumbre tanto a nivel nacional como internacional, haciendo de lo inesperado una herramienta clave en su forma de gobernar.
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