La monarquía marroquí, encabezada por el rey Mohamed VI, cuenta con una extensa red de palacios y residencias repartidos por todo el país, desde Rabat hasta Marrakech y la costa mediterránea. Estos suntuosos enclaves, como el Palacio Dar al-Makhzen en Rabat o el Palacio Real de Fez, caracterizados por arquitectura tradicional y grandes jardines, son mantenidos en estricta confidencialidad y seguridad, requiriendo significativos recursos para su conservación. A lo largo de Marruecos, las residencias reales sirven tanto para el descanso como para actividades oficiales, con algunos palacios ubicados estratégicamente cercano al mar. Además, la Familia Real posee propiedades valiosas fuera del país, como el castillo de Betz en Francia. Este entramado de lujosas propiedades requiere de un complejo aparato de seguridad y mantenimiento que involucra a más de un millar de empleados, aunque las cifras exactas no son públicas.
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