En Colombia, en 2026, el clamor por una paz democrática resuena con más urgencia que nunca, exigiendo un compromiso ciudadano colectivo que vaya más allá de armisticios o acuerdos transitorios. Esta visión de paz, que prioriza la deliberación y la participación ciudadana, contrasta con las narrativas políticas tradicionales que privilegian la seguridad y la conservación del statu quo. La paz democrática defiende la inclusión y los intereses generales, rechazando la manipulación política y el clientelismo que históricamente han dominado el escenario político. Dentro de este contexto, el desafío radica en fomentar un auténtico ejercicio de ciudadanía que permita consolidar un Estado social de derecho inclusivo y respetuoso de los derechos humanos. Es un año decisivo en el que el electorado debe escoger entre respaldar una visión que promueva el diálogo y la justicia social o caer nuevamente en las trampas del control y la desigualdad bajo pretextos de seguridad nacional.
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