En un contexto de creciente polarización política y descontento social en España, surge un debate sobre la existencia y relevancia histórica de la clase media, considerada clave para el arraigo de la democracia en Occidente. La percepción de que las oportunidades de movilidad social han disminuido, sumada a la precariedad económica de los jóvenes, ha impulsado el auge de alternativas políticas como Vox, especialmente a raíz de la decepción con el bipartidismo tradicional y el desencanto con partidos de izquierda que han desviado su enfoque hacia políticas asistenciales. Datos de organizaciones como el INE y la OCDE reflejan una preocupante pérdida de poder adquisitivo y un estancamiento salarial, alimentando la frustración intergeneracional. En este clima, los ideales aspiracionales de progreso individual mediante el sistema de bienestar público se ven amenazados, lo que conlleva una búsqueda de nuevos modelos y promesas, incluso en discursos más liberales, reflejando una crisis de la media clase tradicional como garante de estabilidad democrática.
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