La idea de que el dinero influye en la felicidad ha sido reafirmada por la psicología, según varios estudios recientes. Aunque el dinero no garantiza la felicidad por sí mismo, tener una buena situación económica ayuda a reducir problemas cotidianos, como la preocupación por pagar el alquiler o acceder a atención médica, lo que en sí puede mejorar el bienestar. El psicólogo Daniel Gilbert sostiene que el dinero alivia el sufrimiento diario al facilitar la satisfacción de necesidades básicas. Sin embargo, una vez asegurada cierta estabilidad económica, el incremento de ingresos no aumenta la felicidad de forma proporcional, según investigadores como Daniel Kahneman y Angus Deaton. Además, las relaciones personales son cruciales para el bienestar emocional, superando en impacto a los beneficios monetarios. La utilización del dinero en experiencias compartidas también se ha demostrado más satisfactoria que en posesiones materiales. En resumen, el dinero contribuye a la felicidad, especialmente al evitar dificultades, pero no es el único factor decisivo.
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