El conflicto en Irán ha desencadenado una potencial crisis alimentaria mundial, centrada en la escasez de urea, un fertilizante crucial para cultivos como maíz, trigo y arroz. El cierre del estrecho de Ormuz ha afectado severamente las exportaciones de urea desde Arabia Saudí y Omán, provocando un aumento de precios y dificultades logísticas. En España, las consecuencias ya se sienten con el alza de costos de fertilizantes y gasóleo agrícola, incrementando la presión sobre los agricultores y, potencialmente, los consumidores. Aunque España depende mínimamente de la urea iraní, la especulación agrava la situación en el mercado nacional. En respuesta, el gobierno ha lanzado un paquete de ayudas de más de 877 millones de euros para mitigar el impacto económico. La crisis de suministro afecta también al AdBlue, aumentando los costos del transporte de mercancías y generando presión inflacionaria.
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