Las personas que evitan salir en fotografías podrían estar influenciadas por experiencias emocionales pasadas más que por timidez o inseguridades físicas, según expertos en psicología. Esta aversión se relaciona a menudo con la sensación de ser observados o evaluados, una percepción que se origina en la infancia a través de comentarios, comparaciones y validaciones. La incomodidad ante la cámara refleja un mecanismo de autoprotección que proporciona alivio temporal, pero a la vez refuerza el miedo a la exposición. En nuestra era digital, donde las imágenes se difunden rápidamente en redes sociales, el temor al juicio ajeno se intensifica. Psicólogos sugieren que comprender el origen emocional de este malestar es crucial para mejorar la relación con las fotos, enfatizando que el problema tiene más que ver con una asociación aprendida entre exposición y juicio que con la autoestima.
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