Las protestas en Irán, que comenzaron el 28 de diciembre, continúan en un clima de represión y violencia, dejando un saldo de al menos 2.000 muertos según fuentes gubernamentales y ONG. La ONG Human Rights Activists in Iran (HRANA) informa que la mayoría de las víctimas son manifestantes, incluyendo menores de edad. Las autoridades iraníes culpan a «terroristas» apoyados por Estados Unidos e Israel de incitar la violencia para justificar una intervención militar. La respuesta internacional, encabezada por figuras como Ursula von der Leyen, condena el uso excesivo de la fuerza y promete nuevas sanciones. Con un telón de fondo de apagón de internet, muertes por disparos y detenciones, la situación pinta uno de los escenarios más represivos desde la revolución de 1979, mientras voces de derechos humanos advierten del peligro de un aumento en las ejecuciones y llamamientos a la revolución.
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