Las monarquías del Golfo se encuentran en una encrucijada ante la escalada de conflictos en la región, marcados por ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra Irán. Esta ofensiva ha desencadenado respuestas de Teherán que han afectado infraestructuras críticas en Dubái, Bahréin, Arabia Saudí y Qatar, donde instalaciones energéticas han sido alcanzadas por misiles y drones. Las consecuencias han sido inmediatas, con alteraciones en las rutas marítimas y picos en los precios del gas y petróleo. La situación pone en entredicho la estabilidad regional y la neutralidad de los Estados del Golfo, que ahora sopesan respuestas más contundentes ante lo que consideran acciones inaceptables y traiciones diplomáticas. Mientras figuras como el ministro de Exteriores omaní, Badr al-Busaidi, abogan por la diplomacia, el futuro de las relaciones con Irán parece más incierto que nunca, con el temor de que esta crisis altere de forma permanente la arquitectura de seguridad del Golfo.
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