El mercado de la memoria encamina un cambio significativo a partir de 2026. En lugar de simplemente ajustar precios o priorizar contratos de mayor margen, los grandes actores de la industria han iniciado un proceso de auditaje de la demanda para distinguir entre pedidos genuinos y aquellos que son resultado del acaparamiento. Durante años, esta práctica de «hoarding» ha permitido a los compradores asegurar suministro, aunque esto implique tensar aún más un mercado ya de por sí limitado.
Las principales compañías del sector, Samsung Electronics, SK hynix y Micron Technology, han comenzado a exigir a sus clientes información detallada sobre los volúmenes de pedidos, inventarios existentes y el destino final de sus productos. Esta iniciativa busca prevenir un desbalance en la oferta y demanda que pueda escalar rápidamente en otros sectores como la automoción, los televisores y la electrónica de consumo.
La Inteligencia Artificial emerge como un jugador clave en esta dinámica, absorbiendo gran parte de la atención industrial y demandando una prioridad que deja menos espacio para la memoria convencional, dedicada a la electrónica de consumo masivo. Esta situación ha llevado a muchos compradores habituales a sobreprotegerse ante potenciales desabastecimientos, un movimiento que, irónicamente, solo aumenta la presión sobre el mercado.
Las consecuencias de este fenómeno ya son palpables. TrendForce anticipa una caída del 14,8 % en los envíos globales de portátiles en el primer trimestre de 2026. Esta disminución está impulsada por el aumento de los costos de CPU y memoria, ajustes de inventario y decisiones de compras más conservadoras.
Además, el costo de la memoria DRAM en productos como los televisores ha incrementado notablemente, impactando precios y márgenes. Los fabricantes de memoria ganan con este enfoque más estricto, al reducir el «ruido» en las señales de demanda y protegiendo márgenes comerciales. Sin embargo, para los fabricantes de dispositivos, la nueva etapa implica que habrá menos espacio para estrategias de compra basadas en previsiones inciertas. Y para el consumidor, esto podría traducirse en precios más altos y menos promociones, junto a equipos con configuraciones recortadas para mantener precios competitivos.
Este cambio en el mercado redefine la relación entre fabricantes y clientes, tratando de romper con la paradoja del acaparamiento que, en su intento de protección, contribuye a intensificar el problema. Sin embargo, la efectividad de esta estrategia dependerá de cómo responda la industria, especialmente si decide aceptar contratos más rígidos y menos flexibles con la esperanza de asegurar su suministro en un año que promete ser un campo de prueba para estas nuevas medidas de control.








