El presidente se ha mostrado como una figura impredecible en muchos aspectos, pero mantiene desde los años 80 una obsesión constante por los aranceles, considerándolos un elemento crucial en su gestión. Esta inclinación por implementar y defender políticas arancelarias ha sido uno de los pocos aspectos donde su postura ha permanecido inamovible a lo largo de su carrera, reflejando una visión proteccionista de la economía que ha influido en sus decisiones administrativas y comerciales.
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