Después de dos meses de tensiones internas, un grupo de ejecutivos ha decidido abandonar la empresa, llevándose consigo la considerable suma de 1.300 millones de euros. Este movimiento se produce tras la salida de Ángel Escribano, generando expectativas y especulaciones sobre el impacto de estas deserciones en el futuro de la compañía. La decisión marca el cierre de un periodo conflictivo, cuyas repercusiones podrían reconfigurar el panorama empresarial de la firma afectada.
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